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  Finalmente                 Juls, es oficial, hoy cumples 33. Fue la primera alerta de la laptop cuando la abrí a las 7:30 a.m.; en tu ciudad ya eran las 3:30 p.m. Seguramente ya estarías festejando en algún picnic tu vuelta al sol… me hubiera encantado estar ahí. Pero para mí el día apenas empieza.      En esta parte del mundo hace un calor extraño; el sol abrasa un poco aunque apenas son las diez. Justo ahora me tomo mi café sentada entre estas cuatro paredes en las que nunca quise estar atrapada, pero aquí estoy: sonriéndole a la computadora mientras te escribo y escucho esta canción que hiciste para mí. Es el único recuerdo que me queda de ti para oír tu voz, para sonreír, para volver a sentir bonito mientras imagino tus ojos mirándome mientras la interpretas.      Hay días en los que daría cualquier cosa por escuchar tu voz en tiempo real. Que sonara el teléfono y fueras tú. Escucharte distraída, contándome...
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             Oye Juls:          El lunes cumples 33. Me gustaría hacerte tu pastel de plátano cubierto con chocolates y M&M's.           Sé que de vez en cuando apareces por aquí a ver si volví a escribir sobre ti.            Pues sí. Aquí estoy. Te echo de menos.               Y de alguna forma, en el fondo de mi corazón, todavía espero que un día, nada más porque sí, aparezcas por aquí y también me quieras de nuevo en tu vida.    Mientras tanto me quedo por acá, en esta parte del mundo. Hornearé tu pastel.  Moleré café fresco.      Reproduciré tu música favorita, me pondré las botas viejas de ir al cerro, empacaré un cometa, verteré  el café en el termo, tomaré la bicicleta y me llevaré al bosque, a celebrar tu cumpleaños...sabiendo que estás por ahí, en alguna parte del mundo, sin mí.  ...
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                         No todo lo que asusta es peligro  Hace un par de semanas conocí a una persona cuya energía movió mis estructuras internas. Las pocas personas que me conocen saben que estar cerca de mí implica cierta necesidad de asombro; una especie de fascinación rara por las personas que saben cosas que yo no, que me obligan a mirar el mundo con ojos nuevos. No sé cómo llamarle: una sensibilidad para apreciar la belleza del mundo que se encuentra en cosas pequeñas, para voltear a ver y decidir —sí, sí, mis huesos le avisan a mis caderas, a las vértebras de mi espalda que suben hasta mi nuca— que esa persona me agrada o es de esas pocas personas no favoritas para mí.      Y hacía varios años que no recordaba cómo se siente eso. Quizá la rutina, el cansancio, la sobrevivencia diaria, los corazones cerrados que suelo encontrar por la vida...      Pasó que me encontré con alguien...
 Lo que sí fue Hace unos días me compré un cuaderno rojo con destellos dorados. Y una pluma fuente desechable. No sé bien por qué, pero siempre he creído que así la tinta corre distinto, que mi letra —aunque no sea bonita— no se detiene, que las palabras se deslizan mejor… como si pensara menos y sintiera más. Fue una forma de decirme que quería volver a escribir, a reacomodar el vuelo. Y entre todo eso, apareciste tú. No sé si te lo diría así de frente, pero algo en mí se acomodó desde que te vi… y necesitaba ponerlo en palabras. No te conozco lo suficiente, eso lo tengo claro. No sé cómo eres cuando algo te incomoda, ni si eres de las que se quedan o de las que se van sin hacer ruido. Pero sí sé cómo me sentí contigo. Y no quiero fingir que no pasó. Me diste calma. De esa que no es tan fácil de encontrar, menos cuando una trae un mar medio indomable por dentro. Y eso me gustó. Me gustó tu risa, tu color de voz, tu forma de mirar, esa seguridad tranquila ...
 Te me quedaste entre los ojos Estoy viendo mi cuaderno rojo, ese que abrí con las manos llenas de fuego, y ahora lo siento lejos… como si perteneciera a otra vida. Me asombra la forma en que algo puede ser tan importante, tan urgente, capaz de moverlo todo… y luego apagarse en silencio, sin hacer ruido. Me quedo aquí, quieta, atrapada en la inercia de no saber cómo empezar de nuevo: cómo mirar a alguien sin miedo, cómo acercarme sin invadir, cómo tocar el mundo otra vez sin sentir que llego tarde. Y tú… te me quedaste entre los ojos. Como lo que no fue. Como lo que existe solo a la distancia, hermoso, intacto, imposible… a menos que un día decidas voltearme a ver. Hace tiempo que no sé cómo mostrar interés sin desbordarme. Así que ahora, toda esa intensidad vive hacia adentro, como un incendio que nadie ve. Quisiera decirte —y a veces casi me sale— “ni madres, es ahorita, porque el mundo se acaba”, pero me detengo. Porque no puedo irrumpir así en tu ...
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                                                             Pinche claridad: El rayo que no vino a destruirlo todo.  Anoche buscaba fotos mías y me encontré con esta imagen de Vladimir Kush.  No sé en qué museo fue -Seattle, Playa Laguna, Nuevo México...  solo sé que la tomé y la olvidé... hasta ahora. Hoy la miré distito. Hoy entendí.  Porque cuando la tomé, algo se movió cabrón dentro de mí,  y no pude ni escribirlo. Hoy sí. Es el mar que llevo dentro. Ese que a veces grita, se levanta, se desborda... y me obliga a navegarme. En algún lugar de esta habitación hay cajas con memorias que no he querido abrir, dispositivos llenos de versiones mías, bitácoras que guardan tormentas, hecatombes... y también esas veces en que quemé las naves para no tener a donde volver.  Hoy pienso en...
       Que ganas...                    Que ganas de perder el aliento,                    de respirar hasta que el pecho arda                    y el cuerpo pida tregua.                      Que ganas de olvidar el ritmo                    y encontrar otro,                     uno que no se piensa,                     solo se siente.                        Que ganas te tocar y ser tocada,                         de dejar que la piel...