Finalmente Juls, es oficial, hoy cumples 33. Fue la primera alerta de la laptop cuando la abrí a las 7:30 a.m.; en tu ciudad ya eran las 3:30 p.m. Seguramente ya estarías festejando en algún picnic tu vuelta al sol… me hubiera encantado estar ahí. Pero para mí el día apenas empieza. En esta parte del mundo hace un calor extraño; el sol abrasa un poco aunque apenas son las diez. Justo ahora me tomo mi café sentada entre estas cuatro paredes en las que nunca quise estar atrapada, pero aquí estoy: sonriéndole a la computadora mientras te escribo y escucho esta canción que hiciste para mí. Es el único recuerdo que me queda de ti para oír tu voz, para sonreír, para volver a sentir bonito mientras imagino tus ojos mirándome mientras la interpretas. Hay días en los que daría cualquier cosa por escuchar tu voz en tiempo real. Que sonara el teléfono y fueras tú. Escucharte distraída, contándome...
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Mostrando las entradas de mayo, 2026
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Oye Juls: El lunes cumples 33. Me gustaría hacerte tu pastel de plátano cubierto con chocolates y M&M's. Sé que de vez en cuando apareces por aquí a ver si volví a escribir sobre ti. Pues sí. Aquí estoy. Te echo de menos. Y de alguna forma, en el fondo de mi corazón, todavía espero que un día, nada más porque sí, aparezcas por aquí y también me quieras de nuevo en tu vida. Mientras tanto me quedo por acá, en esta parte del mundo. Hornearé tu pastel. Moleré café fresco. Reproduciré tu música favorita, me pondré las botas viejas de ir al cerro, empacaré un cometa, verteré el café en el termo, tomaré la bicicleta y me llevaré al bosque, a celebrar tu cumpleaños...sabiendo que estás por ahí, en alguna parte del mundo, sin mí. ...
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No todo lo que asusta es peligro Hace un par de semanas conocí a una persona cuya energía movió mis estructuras internas. Las pocas personas que me conocen saben que estar cerca de mí implica cierta necesidad de asombro; una especie de fascinación rara por las personas que saben cosas que yo no, que me obligan a mirar el mundo con ojos nuevos. No sé cómo llamarle: una sensibilidad para apreciar la belleza del mundo que se encuentra en cosas pequeñas, para voltear a ver y decidir —sí, sí, mis huesos le avisan a mis caderas, a las vértebras de mi espalda que suben hasta mi nuca— que esa persona me agrada o es de esas pocas personas no favoritas para mí. Y hacía varios años que no recordaba cómo se siente eso. Quizá la rutina, el cansancio, la sobrevivencia diaria, los corazones cerrados que suelo encontrar por la vida... Pasó que me encontré con alguien...