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Mostrando las entradas de abril, 2026
 Lo que sí fue Hace unos días me compré un cuaderno rojo con destellos dorados. Y una pluma fuente desechable. No sé bien por qué, pero siempre he creído que así la tinta corre distinto, que mi letra —aunque no sea bonita— no se detiene, que las palabras se deslizan mejor… como si pensara menos y sintiera más. Fue una forma de decirme que quería volver a escribir, a reacomodar el vuelo. Y entre todo eso, apareciste tú. No sé si te lo diría así de frente, pero algo en mí se acomodó desde que te vi… y necesitaba ponerlo en palabras. No te conozco lo suficiente, eso lo tengo claro. No sé cómo eres cuando algo te incomoda, ni si eres de las que se quedan o de las que se van sin hacer ruido. Pero sí sé cómo me sentí contigo. Y no quiero fingir que no pasó. Me diste calma. De esa que no es tan fácil de encontrar, menos cuando una trae un mar medio indomable por dentro. Y eso me gustó. Me gustó tu risa, tu color de voz, tu forma de mirar, esa seguridad tranquila ...
 Te me quedaste entre los ojos Estoy viendo mi cuaderno rojo, ese que abrí con las manos llenas de fuego, y ahora lo siento lejos… como si perteneciera a otra vida. Me asombra la forma en que algo puede ser tan importante, tan urgente, capaz de moverlo todo… y luego apagarse en silencio, sin hacer ruido. Me quedo aquí, quieta, atrapada en la inercia de no saber cómo empezar de nuevo: cómo mirar a alguien sin miedo, cómo acercarme sin invadir, cómo tocar el mundo otra vez sin sentir que llego tarde. Y tú… te me quedaste entre los ojos. Como lo que no fue. Como lo que existe solo a la distancia, hermoso, intacto, imposible… a menos que un día decidas voltearme a ver. Hace tiempo que no sé cómo mostrar interés sin desbordarme. Así que ahora, toda esa intensidad vive hacia adentro, como un incendio que nadie ve. Quisiera decirte —y a veces casi me sale— “ni madres, es ahorita, porque el mundo se acaba”, pero me detengo. Porque no puedo irrumpir así en tu ...
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                                                             Pinche claridad: El rayo que no vino a destruirlo todo.  Anoche buscaba fotos mías y me encontré con esta imagen de Vladimir Kush.  No sé en qué museo fue -Seattle, Playa Laguna, Nuevo México...  solo sé que la tomé y la olvidé... hasta ahora. Hoy la miré distito. Hoy entendí.  Porque cuando la tomé, algo se movió cabrón dentro de mí,  y no pude ni escribirlo. Hoy sí. Es el mar que llevo dentro. Ese que a veces grita, se levanta, se desborda... y me obliga a navegarme. En algún lugar de esta habitación hay cajas con memorias que no he querido abrir, dispositivos llenos de versiones mías, bitácoras que guardan tormentas, hecatombes... y también esas veces en que quemé las naves para no tener a donde volver.  Hoy pienso en...
       Que ganas...                    Que ganas de perder el aliento,                    de respirar hasta que el pecho arda                    y el cuerpo pida tregua.                      Que ganas de olvidar el ritmo                    y encontrar otro,                     uno que no se piensa,                     solo se siente.                        Que ganas te tocar y ser tocada,                         de dejar que la piel...