Pinche claridad: El rayo que no vino a destruirlo todo.
Anoche buscaba fotos mías y me encontré con esta imagen de Vladimir Kush.
No sé en qué museo fue -Seattle, Playa Laguna, Nuevo México...
solo sé que la tomé y la olvidé... hasta ahora.
Hoy la miré distito.
Hoy entendí.
Porque cuando la tomé, algo se movió cabrón dentro de mí,
y no pude ni escribirlo.
Hoy sí.
Es el mar que llevo dentro.
Ese que a veces grita, se levanta, se desborda...
y me obliga a navegarme.
En algún lugar de esta habitación hay cajas con memorias que no he querido abrir,
dispositivos llenos de versiones mías,
bitácoras que guardan tormentas, hecatombes...
y también esas veces en que quemé las naves
para no tener a donde volver.
Hoy pienso en la última.
Quemarla.
O quedarme un poco más abordo,
sabiendo que ya no es refugio...
solo costumbre...
Porque no he tocado puerto.
Porque sigo armando barcos con lo que encuentro:
con madera vieja,
con restos,
con intuición,
con alguna coraza...
con más experiencia cada vez.
Anoche creía que hace unos meses ya había decidido
que a partir de ahora construiría barcos de metal, más firmes,
más seguros.
Y luego me reí...
¿Para qué, si hasta el pinche Titanic se hundió?
Vaya ironía.
La calidad de los metales no garantiza nada.
Hasta el iceberg más frío parte el metal.
Qué putada encontrar toda esta claridad justo ahora
Así cuando cae un rayo en mí. Hacia años que no pasaba.
Para mí los rayos no destruyen: encienden.
Rompen lo que estaba dormido
y dejan una claridad imposible de ignorar.
Como cuando cae en el árbol más seco
y lo parte en dos
y empieza a arder.
Para mi un rayo es grito,
es sacudida,
es protección,
es destrucción...
pero también es fuerza,
es luz,
es inicio.
2025 cerró un ciclo largo
Diez años.
De aprendizaje,
de errores,
de construcción
Y al fin, se cerró
2026 abre otro.
Y aquí estoy:
sin puerto,
sin mapa claro,
pero con el rayo todavía latiendo.
Hay mares como el mío...
pero no todos saben nadar en mar abierto.
Lo bueno que el rayo que cayó en mi sí sabe, nadar en mar abierto.
No quiero forzarme a llegar.
Pero tampoco me voy a permitir quedarme anclada,
quieta,
a salvo
y vacía.
El rayo que cayó en mí,
en mi pequeño universo,
en mis cinco metros de tierra,
sabe nadar en mar abierto.
y veo mi barco flotando
en este mar abierto que llevo dentro,
segura estoy de que podrá llegar.
Y quizá por eso entiendo:
no vino a destruir,
vino a recodarme
que sé navegar.
Y bueno...
así hay imágenes guardadas por ahí,
bitácoras también.
Y ahora, justo ahora empiezo otra.
Al final,
estoy empezando de nuevo.
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