Finalmente
Juls, es oficial, hoy cumples 33.
Fue la primera alerta de la laptop cuando la abrí a las 7:30 a.m.; en tu ciudad ya eran las 3:30 p.m. Seguramente ya estarías festejando en algún picnic tu vuelta al sol… me hubiera encantado estar ahí.
Pero para mí el día apenas empieza.
En esta parte del mundo hace un calor extraño; el sol abrasa un poco aunque apenas son las diez. Justo ahora me tomo mi café sentada entre estas cuatro paredes en las que nunca quise estar atrapada, pero aquí estoy: sonriéndole a la computadora mientras te escribo y escucho esta canción que hiciste para mí. Es el único recuerdo que me queda de ti para oír tu voz, para sonreír, para volver a sentir bonito mientras imagino tus ojos mirándome mientras la interpretas.
Hay días en los que daría cualquier cosa por escuchar tu voz en tiempo real. Que sonara el teléfono y fueras tú. Escucharte distraída, contándome cualquier tontería sobre tu día, el clima, algo que viste por la calle... cualquier cosa...Porque ahora entiendo que uno nunca extraña únicamente a una persona; extraña la manera en que habitaba su vida.
Todavía hay momentos en los que miro el teléfono por pura costumbre, como si alguna parte de mí siguiera creyendo que vas a aparecer. Como si el tiempo todavía no hubiera entendido que ya no vives aquí, entre mis días.
Que se sienta dichosa, afortunada y completa la persona que esté sentada ahora frente a ti o a tu lado, porque yo ya no tengo eso. Ya no puedo abrazarte, ni oler tu pelo, ni molestarte con mis brazos, ni levantar el teléfono y llamarte, porque ya no sé a dónde.
Y tampoco tengo el valor de enviarte un mensaje por redes sociales.
Y no. No es que me falte valor; me sobra amor y me sobra coraje para saber que no puedo, a estas alturas de nuestras vidas, irrumpir en la tuya así, nada más porque sí. A estas alturas no solo porque se me ocurrió volver para ver si, de pura casualidad, también quieres que regrese, a mi si me gustaría que aparecieras un día nomas porque sí... el otro día me pareció verte paseando un par de perros por el consultorio corrí para ver si eras tu pero no puede alcanzar esa imagen, llevaba un cabello similar al tuyo, el color de piel... y tus gafas de sol...
Bueno, mientras tanto, yo seguiré aquí esperando que un rayo caiga. Y cuando digo que un rayo caiga, en el fondo imagino que algo enorme te sacude y que, por arte de magia, entre el humo que quedó sobre el suelo aparezca una pequeña chispa que te haga venir a mí... nomás así, porque sí.
No sé si algún día leerás esto. Quizá se pierda entre calles, bicicletas y cielos grises por los que vives normalmente. Tal vez nunca llegue hasta ti. Pero hay cosas que uno no escribe para ser encontrado; las escribe para que el corazón deje de cargar tanto peso.
Y si ese rayo nunca cae, si la vida decidió escribirnos en páginas distintas, aun así me quedo tranquila sabiendo que exististe en mi mundo y que, por un instante, tuve la fortuna de tenerte, de contar contigo, de saber que estabas ahí.
Espero que estés siendo feliz. Que disfrutes cada paso que das. Que el aire golpee suavemente tu rostro; que la lluvia caiga sobre tu cabello; que el frío enrojezca tus mejillas; y que ese sol cálido, de aquel lado del mar, te acaricie siempre de manera reconfortante.
Que seas muy, muy feliz.
Feliz vuelta al sol, cariño mío.
Hay personas que uno deja ir con las manos… pero jamás con el alma.
Te llevo siempre en mi corazón.
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